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PRESENTACIÓN


Quien sabe si la felicidad no consista exactamente en poner al hombre a vivir, en el día de hoy, toda su vida, integrar la memoria total en la parcela de hombre que cada día somos? O tal vez, no fuera felicidad, tal vez fuera un infierno – una irremediable nostalgia...
José Saramago en carta a José Rodríguez Miguéis, 7 de junio de 1960


Entre las constantes de la obra de José Saramago hay una que coloca al escritor en la lista de los más importantes pensadores de entre siglo, más allá de los diversos caminos recorridos.  Y ésta es la de no despegarse, por ninguna razón, de ser crítico del mundo. Podemos sumar a esta tesis el testimonio de la época en la que vivió y el territorio que transitó, recogiendo circunstancias particulares con el objetivo de universalizarlas.

Decimos esto sin ignorar que un conjunto primero de obras – novelas, más específicamente -  que se extiende de Terra do Pecado hasta El Evangelio según Jesucristo hace foco en la historia de Portugal. Y esto porque, aun en estos libros aparentemente alejados de las alegorías más generalizantes, están los ejemplos más agudos de esta constante. Sucede que, aunque el escritor se refiera a situaciones concretas de la historia de su pueblo, los sentidos producidos son recurrentes en otros contextos o a partir de ellos se amplían.

Un ejemplo es Levantado del Suelo. Se trata de una novela sobre las primeras organizaciones de trabajadores rurales contra el latifundio y de las imposiciones de los poderes de discriminación, organizaciones éstas que se convertirán –luego- en una fuerza capaz de subvertir el poder político dominador. En un contexto diferente al de los años de la dictadura en Portugal, esta novela puede leerse como una reflexión aguda sobre otros modos de protesta y de levantamiento a lo largo de la historia, en nombre del derecho a la libertad y de la lucha de clases.  Y al mismo tiempo, es signo vivo de lo que puede hacer una comunidad para vencer la opresión que la subyuga, sobre todo cuando ésta se construye sobre ideologías perversas que buscan perpetuar los modelos de dominio y explotación. Esa dinámica, por lo tanto, no es exclusiva de un pueblo, sino de la comunidad humana como un todo.

Nada muy ajeno al momento que estamos viviendo hoy como sujetos de un orden democrático al borde del colapso, en el que quieren reimponerse los viejos modelos de segregación haciendo claudicar los derechos conseguidos a costa de esfuerzo y compromiso, y tal vez de sangre igualmente derramada. En un contexto así, Levantado del Suelo es advertencia. Nos dice que debemos organizarnos para resistir o nos haremos instrumentos de una maquinaria condenada a repetir errores que parecían ya aprendidos y superados.

Por esta razón, la universalidad a la que apela Saramago no se contenta con el disfrute placentero del lector en el silencio de su lectura personal. Alerta y nos exige una conciencia crítica sobre lo que el capitalismo instala a cada día en el plano de la explotación económica y el desprecio humano.  La gran tarea de la obra saramaguiana –en este sentido- consiste en develar esa ideología opresora y abrirnos los ojos para ponernos en contra de los modelos que nos socavan como individuos y comunidad.

La fe inquebrantable en la acción como única posibilidad de reinventar la comunidad humana nos exige salir de la zona de confort prometida por el discurso mercadotécnico apostando a una lucha reivindicativa. La historia es claramente un embate a cielo abierto en el que la inercia es un factor de debilitamiento, uno de los peores males de nuestro tiempo, como decía Saramago.  Es cierto que cuesta advertir esta tarea, adormecidos como estamos por el desencanto de las utopías y sobre todo, por la tarea narcotizante del mercado que busca anestesiarnos como sujetos de la historia condenándonos al papel de consumistas pasivos. Quizá advertir la falacia del modelo sea el primer paso y reconocer la injusticia tajante que se pone en evidencia en textos como Levantado del Suelo o Memorial del Convento el paso decisivo en esta dirección.

En esa fórmula reside tal vez la universalidad de la obra de Saramago que queremos poner de realce en esta Introducción al subrayar el papel autónomo, crítico y cuestionador del sujeto que pretende el escritor a través de sus personajes, como así también al destacar el compromiso con la idea de comunidad que está por debajo de cualquier apreciación sutil. Estamos cada vez más cerca de entender que la dimensión individual de la condición humana no es nada fuera de la correlación con los otros mediante una convivencia activa. Urge pasar de la poiesis a la praxis como querían los filósofos antiguos.  Y la obra de Saramago funciona como santo y seña en este proceso. ¿Qué esperamos entonces para asumirlo como propio?


Equipo Editorial


ÍNDICE

ADRIANA GONÇALVES DA SILVA

BIANCA ROSINA MATTIA

JACOB DOS SANTOS BIZIAK

CHARLES VITOR BERNDT

DENISE NORONHA LIMA

SERGIO WEIGERT

MARISTELA KIRST DE LIMA GIROLA

RAQUEL BALTAZAR



* Los textos están en formato PDF